En una página en blanco
escribo lo que alma dicta,
la escucho profundamente,
mientras pluma dibujando,
plasma en el papel callado,
las letras que va dictando,
me mira y sigue escribiendo,
impolutamente estricta.
Reniega de su poder ante
el mandato de su ama,
se funde en su pensamiento,
y transforma en sentimiento,
la letra por tinta impresa,
sin quejarse, sin lamento,
y llora lágrimas negras
cuando el llanto la reclama.
Caen silenciosas las gotas
de tinta sobre el papel,
y resbalan como ríos,
monte abajo hacia el abismo,
surcando los recovecos,
la nota fiel al lirismo,
conducidas a lomos de melodía,
como su dulce corcel.
Galopa junto a su musa
se mezcla con sus colores,
cuando de habla de pasiones,
que ella no alcanza a ver,
imagina su dibujo
para poderlo entender,
y saber que hay corazones
hechos de esencia de flores,
y otros solo de papel.

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